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Termina el año y comienzan los sueños.

Os prometí que iba a ser sincera, que en este blog, que es mi casa, no había sitio para falsas sonrisas ni noticias precocinadas.
Y aquí estoy, en diciembre, cerrando el año, uno de los más difíciles emocionalmente hablando.
Ha habido cosas buenas, no puedo olvidarme de las alegrías que me han dado mis hijos ni de los abrazos de mi familia cuando más lo he necesitado.
Abrazos... qué palabra tan bonita.
Rodear a alguien, estrecharlo contra tu corazón, sentirlo cerca y dejar que la tensión desaparezca.
Sí, he necesitado muchos.
Y es que yo soy de distancias cortas.
Como digo, este año ha sido difícil si hablo de esto de escribir. Por dónde empiezo... bueno, conseguí sacar fuerzas -ay, Mateo, cuánto me has ayudado sin saberlo-, retomar un proyecto y me empeñé en verlo en papel. Sí, señores, en papel, toda una locura en el año 2017. Así que terminé autopublicando. Pero no importa, Marie es muy importante y su historia con Álex merece leerse pasando las páginas.
No me arrepiento.
Como dic…

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